domingo, 9 de febrero de 2014

Los Directores de Club

Interesante artículo publicado en Golf Confidencial :


Como ya comenté en mi anterior MonoloGolf, “Tontos por el golf”, no tengo ni idea de este magnífico y sacrificado deporte, excepto ser un buen amateur que tiene afición y ser socio de una empresa que organiza cerca de cuarenta torneos anuales.
Gracias a ellos, voy por muchos campos de mi querida España como un trabajador más, aunque, también es cierto, en aquellos que no conozco procuro jugar para comprobar su recorrido y lo bien o mal que esté cuidado y ampliar mi conocimiento de recorridos, españoles y extranjeros.
Son muchas horas departiendo con los profesionales que trabajan en los clubes a los que vamos, con lo que he podido constatar que existen tres tipos de directores de club de golf.
El primero de ellos es el de los clubes de socios. Cerrada la posibilidad de jugar si no eres miembro, suele ser un directivo que se desvive por satisfacer las necesidades de su cliente interno (socio) y que busca siempre agradarle y que no le compliquen su, ya de por si complejo, trabajo diario.
Conoce a todos los socios, les saluda por su nombre, está siempre pendiente de lo que le dicen, tiene que tener una exquisita diplomacia para no entrar en disquisiciones y discusiones que le perjudicarían más que beneficiarían. Está acostumbrado a mandar y a los organizadores de los distintos torneos sociales, les ayudan y procuran facilitarles su trabajo.
Siempre les digo que tienen una dura labor ya que poner a más de dos españoles de acuerdo es muy difícil y, además, si se sienten dueños del negocio (club) mucho peor porque todo lo que hacen por ellos les parecerá poco, pues, demasiadas veces, el socio le ve como un vulgar empleado, cosa que no es así.
El segundo tipo es el de los directores de clubes comerciales. El concepto es distinto y el origen, también. El club nace como negocio, con la idea de amortizarlo cuanto antes y sacar el mayor beneficio posible para, como cualquier empresa, devolver a sus accionistas el dinero invertido y generar la mayor riqueza posible.
Esto marca y complica el trabajo diario. Así como el club de socios se suele financiar con las cuotas anuales, en los comerciales se vive, salvo excepciones, de los abonos y de los green fees diarios, con lo que la figura del director tiene unas competencias profesionales muy diferentes ya que a las normales de gestión tiene que añadir dos fundamentales en estos tiempos que corren: imaginación e innovación.
Su día a día es duro. Siempre mirando como va la caja, la facturación diaria, semanal, mensual, los costes directos e indirectos. No puede dar más de lo que ofrece y todo lo que sea encarecer su producto es difícil que lo acepte ya que sabe que en su mercado la competencia puede sacar petróleo de cualquiera de sus errores.
Al igual que los anteriores, suelen buscar lo mejor para sus clientes, pero por motivaciones bien diferentes: cuanto más den a sus abonados y compradores de grenn fees, mucho más fácil será competir y mantener su cuenta de resultados.
Así como a los directores de clubs con socios se les ve más relajados, a los de clubs comerciales el estrés les deja huella clara en su día a día, por eso valoran y agradecen que les facilites su trabajo, les des un buen torneo o circuito para que ellos puedan ofrecérselo a sus clientes como un éxito suyo y, año tras año, suelen llamarte y solicitarte que vuelvas a visitarles y su club sea un destino fijo del circuito o torneo que organizas.
Por último, están los directores de club a los que yo llamo los “gilipijos”. Su club es de socios, pero, además, suelen ser elitistas, clasistas y exclusivos. Te ponen todas las pegas del mundo para poder trabajar con ellos, te exigen condiciones que, de antemano, saben que no vas a aceptar y, los más grave de todo, te tratan como si fueses un ser vil y despreciable, por supuesto, de menor clase que ellos.
Suelen ser jugadores con hándicap bajos, en algunos casos, incluso, socios, y sus relaciones sociales con los miembros de su club les hace mirarte por encima del hombro sin saber ni quien eres ni de donde vienes.
Siempre me han considerado un niño de papá (en mi época los “niños bien” del bar Roma de la calle de Serrano de Madrid) y he tenido la suerte de relacionarme con la alta sociedad, los más egregios intelectuales españoles y mi madre (hija de marino de guerra gallego) me educó en la capacidad de no despreciar a nadie, sea su cuna alta o baja.
Por eso, cuando tengo enfrente un “gilipijo” con el que tengo que negociar la posibilidad de que, por solicitud de un cliente, uno de nuestros torneos se pueda jugar en su club, recuerdo el excelente y magnífico trato que me da el director de mi club y el que recibimos cuando vamos a clubes comerciales y, con toda la tranquilidad del mundo, cuando se ponen a decirnos “ya sabes, nosotros somos distintos” “aquí no puede venir cualquier torneo” “nuestros socios son muy exigentes” “si no les damos un valor diferencial no me lo va a aceptar el comité” “no puedes poner publicidad en todo el recorrido ni en la casa club” “el welcome pack debe ser de calidad y abundante”, les miro a los ojos y les comento: “diles a los miembros del comité que más vale honra sin torneos, que torneos sin honra”, me levanto y me voy, más ancho que largo, agradeciendo que mi trabajo sea mucho más sencillo que el suyo y, por supuesto, mucho más gratificante.
Y ya en el coche, cuando con mi socio Fernando comentamos la reunión, me acuerdo de la frase que me decía siempre mi madre: “hijiño, no lo olvides nunca, con clase se nace, no se hace”
@VizcainoEduardo
http://www.golfconfidencial.com/noticia/26425/Los-Directores-de-Club

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